El Caso de Noelia Castillo
- Sara Rico Solera Psicología
- hace 20 horas
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 6 horas
Hay aspectos filosóficos y éticos que tornarían taciturno al sujeto más sabio. Algunos dilemas por su severa complejidad no llaman al debate de todos, si no, a la iniciativa de abstención de la inmensa mayoría, como único señero de respeto.
Son estos problemas, de una intrincación tal, como es el Caso de Noelia. No piden por opinión, interpelan a la capacidad individual y personal, de todos ustedes, para abstenerse. De recordar que la palabra, no es una oportunidad de agresión, visibilidad o de lisonja, que la banalidad enmudece más, si cabe, a quien se rinde al eterno silencio por no soportar el peso de la vida.

Reconocer la incapacidad personal, es el único gesto de humildad, moral e inteligente, ante el Caso de Noelia Castillo, porque acercarse a lo sagrado con labios nescientes, es siempre, un acto de profanación.
El precedente de Noelia nos cuenta de lo inhabitable, por ello, algunos <<la quieren viva>> para no descorrer la cortina de un mundo que revela un vértigo insoportablemente descorazonador: cuando dejarse caer, es más amable que la lucha innata por la supervivencia. Cuando la vida no la termina la senectud física, si no, la desesperanza.
La disyunción de Noelia, no deja lugar a necios o hipócritas: no es, la de elegir la vida por oposición a la muerte, ni la muerte por oposición a la vida. Es la resolución de un ser humano, muy joven, que encuentra esperanza en la muerte, después de soportar la desesperanza, tal vez, el gran desamor, en vida.
Pero ¡¿Qué vida?! La vida con el arrullo de sus riachuelos, sus tardes bermejas, el trino de los pájaros, o la belleza lírica de sus amaneceres no desastra el alma hasta hacer que un ser, ruegue por la muerte física. Todos sabemos bien, amigos y enemigos, que la petición de asilo de Noelia en la muerte, reza por librarse de los seres humanos que han hecho de la vida algo insoportable para muchos, no solo, Noelia.
A Noelia, no le ha fallado, ni traicionado la vida. La vida puede ser cruenta, pero no traiciona. Si no, los responsables de hacer de nuestro estilo y sistema de vida, garantías, que no alcanzan para que el dolor de muchos, sea menos insufrible. Su fin, señala con un dedo invisible, a la moral de quienes no la tienen, a la maldad de quienes no se acusan, a la deshumanidad de quienes deciden los asuntos humanos. A un sistema concreto y no, en abstracto. Porque siendo este, decidido y hecho, por hombres y mujeres, ya no da sostén. Que avanza inteligencias artificiales, vaciando de inteligencias esenciales. Que hacen ver el mundo como un lugar inhóspito, cuando las pancartas o palabras son insuficientes. El fin de Noelia, destapa un universo humano caníbal y sin responsabilidades tácitas.
Cuando la muerte se divisa más confortable que la vida, la muerte está habitando en vida, incluso más que en la propia muerte, como pulsión desasosegante. Noelia sollozaba, como el hombre moderno de Nietzsche "No sé hacia qué lado volverme, soy todo lo que no puede hallar salida" en un mundo sin memoria retentiva, ni consciencia. Quizá un mundo demasiado moderno, pero, a penas, humano.
Es por ello, que los mismos que, han sido incapaces, como sociedad, de socorrerla, de ensogar su alma y su esperanza a la vida, siendo responsables, se permiten la injerencia de opinar, o invitarla a la delusión de la escenografía. O, desde unas redes sociales que tinturan con más sordidez que la muerte, la responsabilidad y el derecho último en su penuria.
Puede que, incapaces, también para sostener, que en los últimos instantes de Noelia Castillo, tampoco vieron su sufrimiento.
La angustia existencial que su vacío deja en los que quedan, es por estar marcados de la complicidad consumista del espectáculo.
La lucidez del suicida deja su reseña de fracaso sobre nuestro mundo.
Descansa en paz, hermosa Noelia.



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