TERAPIA

INFANTIL

Los niños siempre son bien recibidos en consulta. Los niños nos necesitan para poder crecer seguros, para poder sentirse niños en una sociedad que a veces no se lo pone fácil, para poder sentir el bienestar emocional, que habría de garantizar, a cada uno de nuestros pequeños, aún en las peores circunstancias.

 

Debemos dar lugar, a las condiciones suficientes, para que cada uno de nuestros niños pueda ser un adulto, que mañana, recuerde una infancia a la que pueda regresar mentalmente con ternura, paz y seguridad.

 

Necesitamos cuidarles, para dar lugar a esas personas del mañana que cuenten con una salud suficiente, que les permita quererse y respetarse. Poder convivir con otros, respetándoles y teniendo capacidad de querer, asimismo.

 

No podemos permitirnos, pasar por encima del sufrimiento de un niño, a pesar de que, ellos, debido a las características de su edad, y las limitaciones que su periodo conlleva, no puedan explicarnos abierta y explícitamente cuándo sufren o qué les sucede. Porque, lo más frecuente, es que, ni siquiera el niño pueda hacer, todavía, la abstracción que implica conocer su mundo interno.

 

A pesar de lo cual, los niños nos dan otro tipo de señales que pueden advertirnos de que algo anda mal. Y, ante ellas, es necesario que abandonemos explicaciones basadas en la identidad, pues son mas condenatorias que explicativas. No podemos olvidar, que cada niño está dentro de un periodo largo y con características y necesidades que van variando en el tiempo. Como tampoco, podemos olvidar que un niño sufre por acontecimientos vitales como lo haría cualquier adulto, pero con la dificultad añadida de que aún, no puede protegerse así mismo.

 

Esto nos compete como adultos, proteger el bienestar psicológico del niño es responsabilidad de los adultos, y en esencia de los padres.

Por ello, también hemos de ser capaces de permitirnos reconocer nuestros defectos, nuestras limitaciones, nuestras dificultades, o falta de conocimiento como padres, entendiendo, que tales aspectos no nos convierten en malos padres y madres. Puesto que para ser unos padres competentes, no precisamos ser perfectos, si no responsables.

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